lunes, 20 de diciembre de 2010

Las Montañas, son el cielo en la Tierra

El siguiente texto fue enviado por Por Prof. Norberto Ovando*
y Dr. Bernardo Esmerian** A quienes agradecemos por participar.

Los gigantes pétreos son considerados uno de los símbolos religiosos y metafísicos, un icono de la elevación espiritual y del acercamiento del ser humano a la Divinidad. Desde tiempos prehistóricos, algunas montañas han sido sacralizadas por pueblos y culturas diversas, y aún hoy siguen siéndolo en aquellas sociedades consideradas como las más avanzadas tecnológica y culturalmente.

Montañas Sagradas

Las montañas sagradas no suelen ser objeto de conservación ni de protección jurídica, y en consecuencia, están expuestas a los efectos de un desarrollo inadecuado e insostenible.

Para proteger las montañas sagradas contra la degradación ambiental y fortalecer la integridad de las culturas locales; las políticas y las leyes deben reconocer su valor espiritual, conservar el entorno montañoso y respetar las necesidades y las preferencias de la población local.

Las montañas pueden ser consideradas sagradas desde varios puntos de vista. En primer lugar, determinadas culturas o tradiciones religiosas consideran sagradas a ciertas colinas y cumbres, que quedan envueltas en mitos, creencias y prácticas religiosas. En segundo lugar, una montaña o una cordillera, sean o no veneradas, pueden estar relacionadas con las actividades de personas o seres sagrados o albergar lugares sagrados, tales como templos y bosques. En tercer lugar, las montañas que no se consideran sagradas en un sentido tradicional pueden despertar un sentimiento de admiración y de respeto reverencial que las convierte en lugares imbuidos de valor cultural e inspirador a los ojos de determinadas personas o grupos.
Veneradas mundialmente

Las montañas son veneradas en todo el mundo como lugares misteriosos que tienen el poder de evocar un intenso sentimiento de lo sagrado. Para las poblaciones de muy distintas culturas, ese misterio y ese sentimiento de lo sagrado dan sentido y vitalidad a su existencia.

Muchas culturas veneran las montañas por ser lugares elevados que encarnan nobles aspiraciones e ideales. Las montañas más altas de los continentes son actualmente sagradas, como el Sagarmatha", que significa "La frente del Cielo", o como lo llaman los tibetanos "Chomolungma", la "Madre del Universo". Ambos nombres son mucho más respetuosos que su apelativo occidental Everest y al gran Janq'uqhawa que en idioma aymara significa “caparazón blanco”, más conocido como Aconcagua.

El poder de muchas montañas sagradas tiene su origen en la presencia de deidades en la montaña o encarnada en ella. Para los hindúes, el monte Kailas es la morada del Dios Shiva. Los Maestros hindúes morían en actitud meditativa en el monte Kailas. Los kikuyu de Kenia veneran la cumbre del volcán Kenya “montaña luminosa” como lugar de descanso en este mundo de Ngai, o Dios

Desde lo médico - filosófico

La montaña es un gran “organismo” viviente complejo, sensible; por tal, debemos tener conciencia de su sustentabilidad como toda la vida que nos entorna.

No es para mediocres pero acceder a ella no requiere ser superhombre. El escalamiento tiene una concordancia con el esfuerzo físico y mental del ser.Vale acercarse a esas rocas, mirarlas, tocarlas, escucharlas, admirarlas y quedarse contemplándolas casi “catatónicamente”; y lograr así, un disfrute muy íntimo, mayor si es compartido, atemporal, donde el todo y la nada se unen como se unen allí la Tierra y el Cielo.

Son muchos, tradicionales y modernos, los que ven a las montañas como un jardín y un paraíso, como un cielo en la tierra. Quizás sea el lugar ideal, posible, donde habitar consigo mismo.

Muchos excursionistas y montañistas acudimos a ellas por considerarlas verdaderos paraísos terrenales donde se encuentra el solaz de este entorno gris y pesado del mundo actual.

Desde siempre el hombre a querido “llegar muy alto”, desde la antigua Babel, hasta las imponentes torres de la moderna arquitectura, olvidando que la Tierra puede desperezarse y tronar. Pensemos que la mayoría de estos mortales, no han alcanzado y quizás nunca alcancen la verdadera altura, la espiritualidad.

Recordemos la pregunta que le formularon al Filósofo chino Lao Tze “el viejo maestro” ¿donde vivir, en el valle o en la montaña?, el sabio aconsejaba “El ideal es en la mitad de camino”.

Conclusión

Las montañas siguen siendo el gran manantial de la vida, la sabiduría y la fuente de inspiración necesaria para conservar la naturaleza., por eso donde quiera que vivamos, tenemos la obligación de protegerlas.
“La cima es la mitad del camino” Edmund Visteurs, montañista

* Presidente / Asociación Amigos de los Parques Nacionales - AAPN -
Experto Comisión Mundial de Áreas Protegidas - WCPA - de la UICN.
Red Latinoamericana de Áreas Protegidas - RELAP -

** Médico y Cirujano

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